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En el Corazón de la Patria |
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Escrito por Rolando Araya Monge
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Domingo 04 de Mayo de 2008 20:30 |
Trascripción del discurso de Rolando Araya en La Lucha el 19 de Abril, en la Conmemoración del Acuerdo de Paz de 1948.
Formo parte de los costarricenses que tuvimos el privilegio de compartir con Don Pepe aquí en La Lucha, y tener la oportunidad de venir a recoger inspiración e ilusiones en largas conversaciones con él, a la luz de la chimenea de la vieja casona de madera. Hoy venimos a conmemorar un hecho histórico con el cual se puso fin a la Guerra del 48. Ganar la guerra fue difícil –decía Don Pepe- pero es más difícil ganar la paz. Era el momento para las grandes ideas, para los grandes proyectos como los que transformaron a Costa Rica desde 1940 en el campo social, y los grandes cambios políticos y económicos a partir de 1948. Ahí aprendimos que un político sin una utopía, o un sueño que realizar, carece de moral para estar en la política. Y esa es justamente la crisis de hoy: los oportunistas han tomado el templo de la democracia, y como escuché decir hace poco: el poder de los cerebros pasó a ser el poder de los estómagos.
Me piden que hable sobre nuestra visión del futuro, para lo cual debemos establecer algunas premisas. Los movimientos políticos transformadores deben estar inspirados por algo místico, religioso, trascendente. Cuando una corriente política logra inspirar con la misma fuerza de una religión, desencadena una energía histórica, hace cambios, revoluciones. Nada ha habido más determinante para la cultura occidental que el cristianismo. La idea socialista ha sacudido la historia de la humanidad durante los últimos 150 años. El marxismo logró una mística casi religiosa que movió a centenares de millones de seres humanos en todo el mundo. La propuesta de una revolución obrera capaz de construir un orden social superior ha estremecido al planeta entero. Aquí en Costa Rica, la justicia social, movida por las reformas de la década de 1940, inspiró a muchos. Y si tuviera que decir cuál de las ideas fue dominante después de 1948, tendría que decir que el progreso. Hubo valores como la democracia, la educación, la intervención del estado, pero lo que movió a los pueblos fue el progreso, el cual convivió naturalmente con la justicia social. Desde hace 20 años la idea dominante ha sido el crecimiento económico, cuarteada por la tecnología. Hoy podemos ver cómo esa idea, obsesiva en buena parte de los economistas, no ha podido lograr el crecimiento de los años anteriores, pero sí ha hecho retroceder la justicia social y el progreso mismo.
En realidad, detrás de la idea del crecimiento domina el valor de la codicia. Ganar dinero, tener, consumir han sido las guías supremas de los últimos tiempos. Para lo demás, estaba la fracasada teoría del derrame. La codicia exacerbada ha sido la guía de esta última etapa del capitalismo. Los resultados están a la vista. En Costa Rica, se concentra la riqueza, se produce una pauperización de los más débiles, se persigue a las cooperativas y a los pequeños agricultores, se arma una verdadera dictadura al juntar el poder económico, político e informativo. El aumento de la criminalidad es el indicador de la insatisfacción social y llegamos a los bordes de una especie de "colombianización" del país. La lógica del capitalismo ha producido desarrollo en algunos países, pero ha generado tremendas lacras en la mayoría. En el mundo hay crisis económica, crisis energética, calentamiento global, cambio climático, más concentración del poder y la riqueza, corporatocracia, guerra, violencia, terrorismo, mafias. Ese es el resultado de tener la codicia como valor máximo.
Las civilizaciones se han guiado por distintas escalas de valores. Los seres humanos y las sociedades actuamos siguiendo nuestras propias escalas. Los grandes templos y pirámides dan cuenta de las teocracias de la antigüedad. El tríptico ético de Platón, basado el Bien, la Verdad y la Belleza, ha sido una de las más notables. Los principios de la Revolución Francesa -fraternidad, libertad, igualdad- produjeron un enorme impacto. Y del mismo modo, el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad –de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos- es algo igualmente inspirador. "Ama y haz lo que quieras", dice San Agustín y, quizás, el amor como guía suprema del cristianismo, sea la síntesis de todas las guías éticas. El amor es la base de todas las religiones, es universal.
Las ideologías políticas están enmarcadas dentro de estas escalas. Hoy el mundo se prepara para una transformación muy grande y ya no dan para más las ideas convencionales. Muchas pasan a ser palabras gastadas. Y aparecen nuevos conceptos, basados no solo en las aspiraciones, sino también en los grandes desafíos del momento. Derrumbado el neoliberalismo, no hay propuesta desde esas colinas ideológicas. Y, entonces, se habla de ecosocialismo, de ecofemenismo, de liberación cristiana, emparentada con la Teología de la Liberación, de socialismo cristiano, o quizás de socialismo democrático cristiano. Y saldrán propuestas de un orden social superior basado en las grandes transformaciones científicas, como las que me he permitido hacer recientemente. No habrá salida para la humanidad dentro de las propuestas viejas; ningún problema puede ser resuelto desde la misma conciencia que lo creó. Por eso venimos aquí, a soñar con nuevos vuelos.
Y hablando de revoluciones científicas, se ha producido algo espectacular que pronto cambiará la concepción de la realidad, la cosmovisión o la concepción de mundo. Yo podría decir que uno de los descubrimientos más interesantes es aquel que nos reveló que la realidad no está hecha de objetos sino de relaciones. La realidad no está hecha de objetos, está hecha de relaciones. Esto es algo muy profundo. Realmente profundo. Pero no voy a caer en la tentación de meterme en este tema, salvo para decir que el egoísmo se basa en una realidad de separación, y esta, como lo prueba la nueva ciencia, es una ilusión. Solo hay relaciones quiere decir que el valor básico debe ser la solidaridad o el amor, como enseñó Jesús. De esas transformaciones habrá de surgir una nueva ética, una nueva cosmovisión, una nueva metafísica y, por supuesto, nuevas bases para la política y la economía.
Vaclav Havel, Nelson Mandela, David Bohm, el Dalai Lama y grandes figuras de nuestra época han dicho que solo una revolución global en la esfera de la conciencia podrá lograr el tipo de sociedad que anhelamos. Que no serán los modelos ni las ideologías nuevas la base de la gran transformación que necesita la humanidad. ¿Una revolución de la conciencia? ¡Qué gran concepto! Pero qué difícil de comprender. Es como explicar el color rojo a quien nunca ha visto la luz.
Y quizás con algo más sencillo, podremos guiarnos para ver el porvenir. Leí que un anciano Jefe Cheyenne, le dijo a un guerrero joven, al partir para un combate en tierras lejanas, que el viaje más largo de la vida va entre la cabeza y el corazón. El viaje más largo de la vida está entre la cabeza y el corazón. No me imaginaba tanta sabiduría en las culturas indígenas de Norteamérica, como para producir semejante pensamiento. Solo así puedo explicar ese cambio de conciencia planteado por los sabios de nuestros tiempos. Es el cambio entre la razón y la sabiduría, entre la razón y el amor. Bien potente es la razón, pero más lo es el amor. Y no en el sentido metafórico o como valor. También como forma de alcanzar la verdad. Fue a este amor, y no al amor erótico al que se refirió Jesús.
Ante la complejidad de la historia y de todo cuanto existe, la razón no basta y ya la mente humana, ni ayudada por computadoras puede resolver los grandes problemas de hoy. Hace falta el corazón, un instrumento de navegación más eficaz y más certero. El corazón es el símbolo del amor, la solidaridad y los sentimientos en general. Pero ahora quiero decirles que no estoy hablando simbólicamente, ni en forma metafórica. En realidad, el gran cambio de paradigma es pasar de la mente, del cerebro, al corazón.
Y vean que así, me ahorro muchas teorías, pues del propio pueblo, de una manera prácticamente anónima, surgió el corazón como el símbolo del combate contra el TLC. Habló por sí solo. Así lo dijimos todo. No hacían falta palabras. Ante la promesa materialista y la mentira del empleo, nosotros nos explicamos con el corazón: amor a todo, amor a la patria, al pueblo, a nuestra historia, a nuestros mares, a nuestras tradiciones, a nuestra naturaleza. Y nuestra lucha fue de corazón.
El corazón responde a las escalas éticas que recordamos. ¿Acaso el corazón puede mentir? Solo sabe decir la verdad y hacer el bien. Y también para manifestar la belleza. Y si no, preguntemos a Dionisio Cabal que nos deleitó con sus canciones, ¿de dónde salen, sino es del corazón? ¿O las grandes obras de arte, las sinfonías? ¿De dónde salen? Del corazón. De ahí sale la inspiración. ¿No es acaso también el corazón el símbolo de la vida? Por eso se dice se le paró el corazón como muestra de que alguien ha muerto. ¿Y adónde percibimos la felicidad? Y la libertad, tan cercana a la mente, no es posible percibirla a plenitud sino en el goce espiritual del corazón. Lo mismo la fraternidad y la igualdad, que son amor y solidaridad. En él sentimos la compasión, la comunicación con los demás, el dolor del hermano, de la compañera.
El miedo se siente en el estómago, el coraje en el corazón. La mente divide, el corazón integra; la mente separa, el corazón une. La mente es lógica, el corazón es holístico. Si comprendiéramos todo lo que abarca, sería más fácil proyectar ideas hacia el futuro. Simplemente ama, lo demás vendrá solo. Ese es el gran mensaje de Jesús, tan oculto por la liturgia y el rito. Esa es la guía de la verdadera transformación que necesita la humanidad. El corazón es el símbolo de la nueva conciencia y nos sirve para explicar el significado de las nuevas ideas. Habla con el corazón y dirás siempre la verdad, siente el corazón y desencadena valentía, visión. Por eso, este pueblo escogió el corazón como insignia en un combate tan importante.
Somos parte del mundo que nace y levantaremos de nuevo la ilusión, la esperanza. Aquí oí a Don Pepe, con lágrimas en los ojos, contar cómo en aquellos días del 48, llegaba gente de todo el país, muchos descalzos que venían por las montañas. En una ocasión que llegó un camión de carga con un grupo de jóvenes, al preguntarles Don Pepe por qué venían, dijeron: "es que en la radio dicen que Figueres necesita hombres." Estamos en otro momento, en el que venimos a recordar la actuación de Mora y de Figueres, para decir en nombre de ellos, que otra vez la patria necesita hombres y mujeres con coraje y visión para plantear las grandes transformaciones.
Hoy hemos venido a La Lucha, uno de los escenarios donde ocurrió una erupción de pasión y amor por la patria. Aquí está el Monumento a los Caídos de Ambos Bandos. Aquí venimos de nuevo a recoger inspiración como hicimos tantas veces, y ante el reto de hablar de una visión de futuro, pensé que era más fácil explicarlo de esta manera, pues nuestro movimiento ha de ser la voz de la nueva conciencia, la expresión del nuevo paradigma que canta, que sueña, que ama, que llora y que ríe, de corazón. Buscamos un orden superior en el amor del pueblo y no podemos hacer cosa distinta, pues este movimiento está, justamente, en el corazón de la patria.
Muchas gracias |
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Ultima actualización ( Domingo 25 de Mayo de 2008 20:43 )
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