Emergencia Nacional PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Frente Social Demócrata   
Viernes 06 de Junio de 2008 13:47
¿Podremos volver a tener seguridad para andar libremente en la calle a cualquier hora y en cualquier parte? ¿Podremos vivir de nuevo en casas sin rejas, donde se pueden dejar las puertas abiertas? ¿Volveremos a ver calles y aceras limpias? ¿Podríamos tener un Estado eficiente manejado por personas totalmente honestas? ¿Será posible lograr que todos los costarricenses tengamos un nivel de vida decente, una sociedad sin pobres, con una economía sostenible? La mayoría ni llega a hacerse las preguntas porque han perdido la esperanza. La politiquería barata y la manipulación informativa se tragan la conciencia nacional.

En efecto, estamos llegando a un punto donde ya no nos podríamos devolver. Costa Rica indefensa, sin ejército (por dicha), y casi sin fuerzas policiales, está siendo víctima de la narcomafia, del crimen organizado y de niveles elevados de violencia en la vida social, empezando por los hogares y el vecindario.

Ciertamente, el problema no es sólo por la incapacidad del Gobierno y un ineficaz sistema judicial, sino porque también tenemos una sociedad enferma. Una sociedad enferma y un sistema político en vías de descomposición. En efecto, el país vive un proceso de desintegración social, producto de una atención casi exclusiva al tema económico. Crecimiento a toda costa, aunque no haya ética. La educación, la seguridad ciudadana, la salud, el bienestar general, la infraestructura, la cultura, la democracia, todo ha pasado a segundo plano. Una crisis de gobernabilidad, por la incapacidad política y la obsolescencia del sistema, visible desde hace unos quince años, dejan al país al garete. Crece la confrontación ideológica.

La corrupción pública y la política neoliberal deslavan la fe en el liderazgo político. Corrupción y criminalidad suelen brotar juntas, ambas son hijas de la codicia. La desatención a los problemas sociales, el desorden urbano y el hacinamiento empiezan a crear la neurosis. Se agudiza el alcoholismo, el consumo de drogas, la violencia, la desintegración familiar y la corrupción a todo nivel. Todo es dinero, consumo, irresponsabilidad. Pero esos son precisamente los valores del momento. Hágase rico, consuma. ¿Cómo? Eso no importa. Entretanto, se despedaza el tejido psicológico y espiritual que sostiene la convivencia.

El crimen organizado, la narcomafia y el tráfico internacional de drogas encuentran una sociedad más desintegrada. Los grandes escándalos se metabolizan para producir más corrupción, más crímenes. El crecimiento de la desigualdad desafía. La frustración, el conflicto (social, político y económico), una convivencia basada en el sálvese quien pueda, provoca miedo, violencia, accidentes, desesperación. Viene entonces la locura colectiva. Las privaciones hacen lo suyo entre los más pobres y todo junto provoca la explosión de criminalidad que nos acorrala. El país se nos está yendo de las manos.

Ante el problema, se proponen nuevas leyes, sanciones más drásticas, hasta se ha llegado a hablar de la pena de muerte. La mayoría piensa que esto podría arreglarse con un mejor sistema policial. Eso es necesario, pero anda lejísimos de ser suficiente. Los síntomas están en la calle, pero la enfermedad la padecemos casi todos. El reto es más grande, demanda una catarsis. Estamos ante una emergencia nacional. Hace falta una transformación ciudadana, una verdadera revolución mental, con efectos en la vida social, política y económica. Varios países de América Latina, al menos México, Guatemala y Colombia han llegado a situaciones virtualmente irreversibles. Esto es una guerra y demanda un terremoto moral en la conciencia colectiva.

Se impone un gran acuerdo o una enorme reacción ciudadana. Esto no lo puede manejar el Gobierno por sí solo, que en todo caso, sigue obsesionado por encajarnos su mundo de negocios. En todas partes hay problemas, especialmente con la crisis global encima. Pero hay países en el mundo donde la población disfruta de completa tranquilidad, hay cohesión social, hasta esperanza. ¿Por qué no Costa Rica, si tenemos un paraíso y predomina el ser costarricense bueno? Otras naciones han podido hacer verdaderos milagros en la organización social y económica, pero lo nuestro no se va a lograr con la posición que ve la idea económica del mercado en los demás ámbitos de la cultura, con la lucha de todos contra todos (darwinismo social) como pauta social, y un Estado asténico que no intervenga en nada. La sociedad, las organizaciones sociales y políticas y cada uno de los costarricenses debemos actuar, presionar al Gobierno y prepararse para salvar a Costa Rica en un combate histórico, como debe ser: entre todos.