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El Tribunal de Elecciones (nótese que omito el inmerecido término de “Supremo” por el señorío que el mismo conlleva), sigue abofeteando al pueblo de Costa Rica. Ni más ni menos, decidió absolver al ex vicepresidente Kevin Casas, como si no hubiera cometido ningún agravio contra los costarricenses; como si no se siguieran implementando las brillantes ideas de ese nefasto memo, y contradiciendo además la resolución STSE-4322-2007, del 7 de setiembre de 2007, en la que sí expresaron (ellos mismitos) que el contenido del memorándum era inaceptable. Simplemente cambiaron de opinión. ¡Qué pena!
Ese mismo Tribunal Electoral se contradice, con una inadmisible conducta y replegándose al “amo”, quien después de haber convertido a Casas en un chivo expiatorio, ha hecho hasta lo imposible para que Fernando Sánchez siga sentadote cómodamente calentando una curul, sin ningún pudor, ignorando el clamor de un pueblo que a gritos le pide que se vaya. Ahora, de nuevo nos propinan una artera puñalada, archivando las más de 140,000 firmas que solicitan un referendo para la ley de UPOV-91. ¿Será que estos magistrados se creen que pueden seguir burlándose de los costarricenses, como si fuéramos ceros a la izquierda y como si no contáramos como ciudadanos? ¿Será que para ellos sólo cuentan aquellos que se apuntan al neoliberalismo y a quienes no les importa que se venda el país a pedazos? Ya sabemos todos, que los otrora tres Poderes de la República, se convirtieron en una horrenda masa amorfa, sin pies ni cabeza, sin un rumbo fijo, sin escrúpulos, sin respeto hacia quienes los elegimos y por eso estamos tocando fondo. Esto es muy grave. Definitivamente se olvidaron los magistrados electorales de que su deber es velar por la ciudadanía y de que nos deben respeto, al igual que se olvidaron de que somos nosotros quienes pagamos sus abultados salarios. Han dejado claro con sus actuaciones que no son otra cosa más que una fea decoración en ese Tribunal. Al igual que Fernando Sánchez calienta una curul, los magistrados están calentando sus asientos. ¡Al igual que Fernando Sánchez, deberían renunciar e irse para sus casas! |